Desde ese momento, como ya hacía mientras aún respirabas, te he dedicado en silencio cada uno de mis logros, y mis fracasos que se tornaron en lecciones, compartido mis sueños cercanos, y sobretodo los más lejanos, ya que son éstos dónde más necesito tu apoyo para nunca abandonar la lucha.
Ya no soy aquel niño al que cambiabas de ropa, peinabas y llevabas al colegio. Soy ese hombre que cuidó de ti en tu enfermedad, como tú hiciste un día; te regaló el cariño que siempre recibió para que lo guardaras y lo llevaras contigo allá donde fueras; para que no te sintieras sola en el trayecto y te acompañara, manteniendo feliz tu vida, aún cuando ésta ya ha perdido el nombre.
Ojalá unas palabras te hicieran volver. Ojalá cada una de las personas que han pasado por tu vida te recuerden el día de hoy, portando yo mismo la antorcha que mantenga viva la llama de tu recuerdo.
Sigue tu camino tranquila, porque aquellos que aquí se quedaron y que no supieron apreciarte y sentir tu aura, no merecen amor en sus corazones. Yo seguiré aferrándome a ti en cada dificultad, porque me has enseñado a pelear por aquello que consideramos importante, y éste sólo es uno de los tantísimos valores que durante el tiempo que contigo compartí me enseñaste.
En tiempos en los que decir 'te quiero' ha perdido el significado debido al mal uso, entiendo que esta frase no pueda resumirlo todo, pero me entenderás si te digo que te sigo echando de menos tanto o más que desde que me vi reflejado en tus ojos por última vez.